EL OVEJERO
Sigifredo pasaba la mayor parte del día pastoreando a sus ovejas. Un día, mientras caminaba por los prados, pensó que ya estaba cansado de hacer siempre lo mismo y que era buen tiempo de emprender un nuevo negocio.
-Voy a venderle mis ovejas a la primera persona con quien me atraviese.
No sabemos si fue el destino, la casualidad o alguna fuerza ultra terrena (similar a esas que intervienen en las leyendas de terror), pero el caso es que a los pocos minutos de elucubrar ese pensamiento se topó con un hombre mayor que lo interceptó:
-Muy buen día tenga usted. Me preguntaba si sus ovejas estarían en venta –preguntó el forastero.
