Éramos unos niños (Patti Smith)

Éramos unos niños, Patti Smith

El hotel Chelsea, tal como lo retrata Patti Smith, era un lugar apasionante y algo trágico –no todo eran alegrías– donde vivir y conocer gente afín. Y tal es la importancia del hotel (y de las personas que vivían en él, o que al menos estaban de paso), que podríamos decir se constituye como el tercer personaje del libro, después de Patti y Robert. No en vano, conviene recordar que el capítulo sobre dicho hotel tiene nada más ni menos que 116 páginas en la edición que he leído (la de Lumen, 2020, en tapa dura).

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Cuestionario literario: María J. Acosta

el extraño, novela

Pienso que si la vida te da limones hay que hacer limonada. A todos aquellos escritores noveles que han logrado ganar un premio literario, ¡felicitaciones! De alguna manera es una catapulta para que alguna de tus obras sea reconocida, incluso poemas, y definitivamente es una oportunidad para cualquier autor que esté empezando a ahondar en la magia de la edición.

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Stoner, la novela casi perfecta de John Williams

Stoner, John Williams

Cuando el escritor estadounidense John Williams (1) publicó en 1965 esta novela titulada escuetamente como Stoner, sufrió una tremenda decepción. Apenas se vendieron dos mil ejemplares de esa primera tirada. El argumento parecía autobiográfico, aunque no lo era del todo. El personaje se llamaba William Stoner y era un profesor de literatura inglesa en la Universidad de Columbia (2) (Estados Unidos).

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Cuento de Navidad (Dino Buzzati)

Dino Buzzati, cuento de navidad

La catedral colindante es inmensa, se tardaría más de una vida en recorrerla por completo, y en ella hay tal maraña de capillas y sacristías que, después de siglos de abandono, aún quedan algunas prácticamente inexploradas. ¿Qué hará el día de Nochebuena el descarnado arzobispo completamente solo, mientras la ciudad entera está de fiesta?

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3 relatos cortos de Silvia Zanetto

Silvia Zanetti

El “accidente” ocurrió justo en la tarde en la que decidimos casarnos. Íbamos caminando despacio, cogidos de la mano, los ojos bajos como si buscáramos las palabras en la acera, un nudo de inquietud y de felicidad todavía incapaz de explotar en gestos y alegrías.

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