La chica del columpio, de Eloy M. Cebrián

La chica del columpio, Eloy Cebrián, novela

A un libro que se vende desde la portada como “Sexo y horror en la América profunda” no podemos pedirle que sea una revisión literaria de La casa de la pradera.

Y efectivamente la cubierta de La chica del columpio, de Eloy M. Cebrián, editada por El Problema de Yorick, no engaña al lector, porque lo que encontramos en esta obra es una historia sórdida de personajes a la deriva, en la línea del realismo sucio norteamericano, aglutinados en torno a una chica que se pasa todo el día balanceándose en un columpio, con presunta ingenuidad y apatía, haciendo creer a su entorno que no anda sobrada de inteligencia ni de iniciativa.

Cuestionario literario: Eloy M. Cebrián

Eloy M. Cebrián, encuesta literaria
Escritor Eloy M. Cebrián

«La crisis ha pasado factura y las editoriales procuran apostar menos e ir sobre seguro. Hay también otro cambio que me indigna bastante, y me refiero a la proliferación de intrusos en las mesas de novedades: rostros televisivos, presentadores, cocineros… Toda esa morralla editorial cierra el camino de los auténticos talentos, y con el tiempo la cultura de este país pagará un precio por ello».

E.M.C.

 

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Al margen de algunos escarceos juveniles, comencé a principios de los noventa, cuando ya tenía mis buenos treinta años. Mi pretensión al principio era simplemente publicar, lo que por entonces me parecía una meta inalcanzable, casi un sueño.

 

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Siempre planifico. En algunos casos, como en el caso de mis novelas sobre Cervantes, lo primero que escribo es una especie de modelo a escala de la novela, una sinopsis muy detallada que en la jerga literaria se suele llamar “escaleta”. La escaleta de “Madrid, 1616” tenía más de cuarenta páginas en líneas apretadas. Esto me ayuda muchísimo y me da seguridad. Es como si la parte principal del trabajo estuviera ya terminada. Por supuesto, siempre se debe dejar sitio para las ideas que sobrevienen sobre la marcha y los detalles, que en narrativa lo son todo (Dios está en los detalles, como dijo Mies Van der Rohe). Pero procuro ceñirme al plan original, que me permite, además, tener una visión del conjunto.

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