“Hablar solos”, de Andrés Neuman

Elena es el personaje de mayor dualidad. Se mueve entre la vida y la muerte, entre la enfermedad y la salud. Las personas que conviven y cuidan de un enfermo saben que ellas también acabarán por enfermar, por sentirse sanamente enfermos. Y es ahí donde está Elena, recomponiendo un puzle de sí misma mediante la literatura y algunas escabrosas nuevas experiencias.

Breve enciclopedia de la infancia, de Emilio Gavilanes

La infancia es un tema recurrente entre los escritores, quizá porque es el lugar a donde todos desearíamos volver a veces. Recuerda en ocasiones esta enciclopedia a la novela El mundo, de Juan José Millás.

En este libro la infancia se nos presenta cruda, es decir, exactamente tal y como es. Con sus alegrías y pequeñas maldades, con sus descubrimientos, sus miedos, sus primeras veces, sus ensoñaciones y su más que inevitable realidad.

“El diario secreto de Adrian Mole”, de Sue Towsend

Sue Townsend no es ninguna desconocida en el mundo de la literatura. Esta autora británica ha dedicado su vida a escribir novelas para todo tipo de públicos, así como numerosas obras de teatro. Es una afamada escritora en Inglaterra y gracias al éxito de sus novelas juveniles también lo ha sido fuera de su país natal.

Stoner, de John Williams

Escribir sobre Stoner no es fácil porque sería como escribir sobre la vida misma. Una vida que nos resulta ajena, pero a la que somos invitados a entrar como un espectador más gracias a John Williams, su autor.

Este escritor norteamericano, que quizá les resulte completamente desconocido, es uno de esos muchos escritores que ha vivido sin pena ni gloria su carrera literaria. Un escritor que ha pasado desapercibido en el mundo de las letras hasta que por alguna casualidad, vaya usted a saber cuál, la novela que nos ocupa ha tenido, a mí parecer, un justo resurgir.

“La conjura de los necios”, de John Kennedy Toole

Para quien haya leído La conjura de los necios, estoy segura de que Ignatius Reilly, su protagonista, será sin duda uno de los personajes más extraños y, en cierto modo, entrañables con los que se habrá encontrado.

Quien no haya leído todavía esta maravillosa novela podrá disfrutar por primera vez del ingenio, la ironía, las extravagancias y el insólito mundo en el que se desarrolla esta rocambolesca historia, si es que se le puede llamar así. Y eso, amigo lector, es una auténtica suerte.

“El guardián entre el centeno”, de J.D. Salinger

Se le ha atribuido a nuestro protagonista el papel de antihéroe, el reflejo de la rebeldía adolescente. Pero en mi opinión, creo que estos papeles se le quedan pequeños. Holden Caulfield es más que un adolescente y, aunque a veces asomen comportamientos propios de la edad (como cuando camina apretándose la ficticia herida de bala que lleva en el abdomen para que la sangre no gotee), es más maduro que muchos de los supuestos adultos con los que se encuentra a lo largo de las 288 páginas de la novela.

“El Gran Gatsby”, de Francis Scott Fitzgerald

“Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros… Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y… un buen día… Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”. “El Gran Gatsby”, de Francis Scott Fitzgerald [Victoria Mera] …

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