Cuento de Bryce Echenique: Dos indios

Dos indios, Bryce Echenique

Hacía cuatro años que Manolo había salido de Lima, su ciudad natal. Pasó primero un año en Roma, luego, otro en Madrid, un tercero en París y finalmente había regresado a Roma. ¿Por qué? Le gustaban esas hermosas artistas en las películas italianas, pero desde que llegó no ha ido al cine. Una tía vino a radicarse hace años, pero nunca la ha visitado y ya perdió la dirección. Le gustaban esas revistas italianas con muchas fotografías en colores; o porque cuando abandonó Roma la primera vez, hacía calor como para quedarse sentado en un Café, y le daba tanta flojera tomar el tren. No sabía explicarlo. No hubiera podido explicarlo, pero en todo caso, no tenía importancia.

Cuando salió del Perú, Manolo tenía dieciocho años y sabía tocar un poco la guitarra. Ahora al cabo de casi cuatro años en Europa, continuaba tocando un poco la guitarra. De vez en cuando escribía unas líneas a casa, pero ninguno de sus amigos había vuelto a saber de él; ni siquiera aquel que cantó y lloró el día de su despedida.

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Cuento corto de Severo Sarduy: El torturador

 

Cuento, Severo Sarduy, El torturador

¡No es cierto lo que dicen! No he matado a cien personas. Sólo a unas cuarenta, y otras veinte torturadas… es decir, veintidós, porque había dos niños, ahora que recuerdo.

Pues bien, ¿por qué no confesarlo? Soy el mejor torturador del régimen.

Si bien es cierto que al principio mi ejecución era algo burda, también lo es que he refinado mis procedimientos hasta la exquisitez, ¡tras… tras! y ya están fuera los ojos.

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Cuento corto de Laura Massolo: Basta de soledades

 Laura Massolo, cuento

Cuando llego de la facultad, muy tarde, la botella mutilada desborda, y hay yerba y cenizas alrededor. Lucio duerme y mamá está en la computadora, como de costumbre, jugando al solitario. No me gusta comer así: me deshago de toda esa mugre y paso un trapo por la mesa. Después lavo mi plato y los de ellos, para que mamá, cuando se levante, encuentre todo limpio. Se me ocurre que, a la mañana, esos contenidos ya secos deben parecerse mucho a un recipiente del desierto.

Cuento, Laura Massolo

Cuento corto de Laura Massolo: Basta de soledades

Yo lo quiero a Lucio. Es tan difícil demostrarle mi cariño como soportarlo. Pero lo quiero de veras. Mamá dice que le debemos lo poco que tenemos, que si pude terminar la escuela fue gracias a él, que nos ha cuidado siempre a las dos.

Lo quiero por todo eso y porque le imagino cierto desamparo más allá del gesto hosco, del desdén, de las burlas. Y porque a veces me gustaría poder abrazarlo, como supongo que se abraza a un padre, aunque él no me lo permita, aunque diga tantas malas palabras, aunque haya que verlo, todo el día y todos los días, llenando de basura esas botellas plásticas.

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