Cuestionario literario: Manu Espada

Escritor y guionista Manu Espada
Escritor y guionista de televisión Manu Espada

«Vivir de la escritura no es difícil, yo vivo de la escritura, soy guionista profesional de televisión. Pero una cosa es vivir de la escritura y otra es vivir de la Literatura. No es una utopía, pero es complicado. Los casos que conozco, no sólo viven de los libros, sino que compaginan la publicación de sus obras con otros complementos, como los talleres literarios o diversos “bolos” que giran en torno a la escritura». M. E.

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Empecé a escribir cuando era niño, escribía cuentos, y de mayor sigo con los relatos. Hace unos diez año publiqué mi primer libro, “Fuera de temario”, y puede decirse que a partir de ese momento se oficializó algo que venía haciendo desde que tengo memoria, que por cierto, no es mucha.

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Suelo planificar casi todo lo que escribo, aunque en algunas ocasiones me han salido textos del tirón, las menos. Quizá mi profesión de guionista haya “contaminado” en cierto modo mi método de trabajo, y hago “escaletas” de mis libros y de mis textos, una “esquema” previo que posteriormente relleno, una “guía” que luego puedo saltarme o añadir puntos a esa idea previa.

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Cuestionario literario: Álex Chico

 

Javiera Gaete Fontirroig, Álex Chico, cuestionario
Escritor Álex Chico. Fotografía: Javiera Gaete Fontirroig

 

«La autoedición tiene un problema no resuelto. Me refiero a la distribución, al terrible mercado de la distribución. Puedes lanzar una obra autoeditada que dé cien mil vueltas a una obra publicada por una editorial y, sin embargo, es probable que no alcance los canales adecuados para distribuirla. Si muchas librerías no aceptan obras que no tengan una distribuidora detrás, es muy difícil dar salida a esos libros. No digamos ya en promocionarlos dentro de la propia librería. Por eso es tan necesario huir de la concentración de las grandes editoriales y de las librerías que sólo reflejan ese exiguo mercado». A.C.

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Puedo identificar tres momentos. Primero, durante los fines de semana de mi infancia. Me levantaba pronto y, mientras esperaba a que se despertaran mis padres, me dedicaba a escribir cuentos sobre los héroes que tenía por aquel entonces (protagonistas de películas, futbolistas…). Más tarde, en los años de adolescencia, escribía canciones o poemas, casi todos con temas similares. Eran textos impulsivos, muy del momento (amor, incomprensión, aislamiento, cosas así). Por último, cuando tenía unos veinte años, quizás el verdadero momento en el que sentí que detrás de esos poemas se escondía algo parecido a la pretensión de convertirme en escritor. En esos textos se encerraban casi todos los temas que he desarrollado después.     

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Cuento corto de Guillermo Fadanelli: Me basta

cuento, Guillermo Fadanelli
Degas Edgar (dit), Gas Hilaire-Germain Edgar de (1834-1917). Paris, musÈe d’Orsay

 

Todo comenzó cuando abrí una puerta que debió mantenerse siempre cerrada. No soy la clase de bebedor que acostumbra husmear en las habitaciones de las casas a donde se me invita. La rutina que sigo cuando me presento en una fiesta es sencilla: selecciono un sillón en el rincón más cómodo de la casa, sonrío, bebo todo lo que se me ponga a la mano y me marcho cuando se termina el vino o cuando los anfitriones están cansados y hartos de la reunión que ellos mismos propiciaron. Sí, es cierto que la rutina no siempre puede seguirse al pie de la letra y justo eso fue lo que sucedió el día en que abrí la puerta indebida y conocí a Siena.

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Cuestionario literario: Miguel A. Zapata

Escritor Miguel A. Zapata
Escritor Miguel A. Zapata

 

«No puedo traicionar mis placeres. Entiendo de autores que adoro o detesto, obras decepcionantes o proveedoras de éxtasis… Sí es cierto que la satisfacción de una novela que empieza a fluir y a cobrar algo similar al sentido que querías darle cuando sólo era un proyecto en tu cabeza, es difícilmente superable. Mi segunda novela, que espero publicar en 2017, me proporcionó lo más parecido a un estado de gracia creativa (si es que eso existe) que yo haya vivido como escritor: todo cuadraba, todo era placentero, todo tenía un sentido. Con los géneros breves, me despego más pronto de la materia narrativa, como un teorema matemático que se resuelve con un golpe de inspiración y ya no te pertenece, quizá porque jamás lo hizo, como si lo resolviese otro, una forma de gozo diferente. Es una sensación curiosa, sí.«.  M.A.Z.

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Mis primeros cuentos empecé a escribirlos con nueve o diez años. La pretensión, supongo, cercana a la emulación de mis lecturas preadolescentes: Verne, Salgari, aquellos libros fabulosos de Alfaguara juvenil, las aventuras de “los Cinco” o “Los Siete Secretos”… Mi padre conserva alguno de esos primeros esbozos de narración en papel ya amarillo, en la letra difusa de una Olivetti Lettera 42 y con un léxico recargado e impreciso que yo consideraba entonces el colmo de la sofisticación.

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Depende del género. Cuando abordo una novela, noto una creciente carpintería previa: notas en moleskine, planificación mental de tramas y subtramas en fase de nebulosa o anotaciones dispersas en la agenda del Smartphone. Si es un cuento o un microrrelato, trabajo con una imagen de partida que será la rectora de la narración, el faro que llevará las cosas a puerto o las dejará hundirse en el fondo del mar. En ambos casos, la idea o epifanía original se desfleca, se ramifica, toma sus propias dinámicas y caminos insospechados: las notas se pierden, otras cuantas se funden en una, la arquitectura previa de una choza deviene en catedral. Eso es quizá lo más emocionante del proceso: imprevisión desde la apariencia inicial de orden.

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La novela urbano-policial de Ramón Díaz Eterovic

Escritor Ramón Díaz Eterovic
Escritor Ramón Díaz Eterovic

La novela urbano-policial de Ramón Díaz Eterovic

Ernesto Bustos Garrido

Ramón Díaz Eterovic es puntarenense. Este es su lugar de nacimiento (1955), lo que lo distingue de muchos otros escritores. La ciudad queda de espalda al territorio antártico y está a miles de kilómetros de Santiago, la capital. Sus gentes son una gran amalgama de emigrantes de españoles, ingleses, croatas, alemanes, italianos, argentinos y chilotes, es decir, chilenos pero nacidos en la Isla Grande de Chiloé que llegaron a ese confín del mundo como braceros, peones para la esquila del ganado ovino, como mineros, y por sus habilidades marineras, para tripular los barcos, veleros y lanchones de diferentes banderas y patrones que surcaban las aguas australes para el traslado de mercaderías, la caza de lobos y ballenas y hasta la piratería y el contrabando. Ser puntarenense, es por tanto, echarse encima todas esas razas, todas esas culturas, y  abordar y adoptar cada idiosincrasia para sacar lo mejor de ellas.

Se puede decir entonces que Ramón Díaz Eterovic es un resumen de esta rica muestra humana, y desde allí ha dado forma a un estilo de escritura que es fácil de identificar. Es un gran contador de historias y su imaginación pareciera no tener límites. Es como si la suya se instalara arriba de un témpano, devorando miles de millas en busca de la frase y la palabra exactas hasta el infinito. Su prosa es cuidada y rápida, como el jinete que no tiene mucho tiempo para enredarse con faldas o prometedores negocios. Dispara y ya está. Así su producción literaria es abundante y en su cerebro hay cuerda para rato.

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Cuestionario literario: Hermelinda Rodríguez Salgado

 Escritora Hermelinda Rodríguez Salgado

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Hace unos veinte años. Yo solía ser una niña muy imaginativa. Siempre inventaba historias, pero nunca las llegaba a escribir. Lo que sí escribía de niña eran poemas que después recitaba en el colegio y que mi madre guardaba para mostrárselos a sus familiares y conocidos. Ya con cuarenta años empecé a escribir una novela que, francamente, salió farragosa, antes no había escrito ni siquiera un relato. Esto no fue un reto, fue una temeridad. Después escribí un par de cuentos, uno de ellos quedó finalista en el Premio Literario Ciudad de Coria y bastantes años después, en otro concurso, obtuvo el primer premio en un certamen relacionado con la ecología. El hecho de quedar finalista en un premio bastante conocido me animó. De pronto me sentí capaz, ilusionada y empecé a extraer toda la sensibilidad que guardaba dentro para plasmarla sobre una hoja en blanco. De esta manera saqué a flote mi faceta de escritora, sin más pretensión que la de plasmar mis pensamientos y vivencias.

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Cuestionario literario: Javier Pérez Walias

 

Poeta Javier Pérez Walias
Poeta Javier Pérez Walias

«Quizá para la novela o el ensayo [el libro digital] sea un buen soporte. Desde luego para la poesía no lo es, de momento. El libro en papel me parece mucho más agradable, mucho más entrañable y cálido. Todo libro, como objeto, además de su contenido tiene una historia detrás que se percibe y esto se pierde en el libro digital. Esperemos que no sea una cuestión de tiempo».

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Me recuerdo escribiendo, anotando pensamientos, ideas y peripecias en una pequeña libreta, desde muy temprana edad. Supongo que el estar lejos de casa hizo que tuviera la necesidad de expresar lo que sentía. Pero creo que empecé a tomar conciencia de ello y a concederle cierta importancia ya en el instituto, con unos quince años.

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Depende de qué tipo de libro. Habitualmente escribo poesía y en este género la intuición y el azar están presentes en gran medida. Ahora bien, una vez que el corpus del libro se hace presente hay que ordenarlo y conferirle el aspecto formal que el propio libro va pidiendo. Todo sucede como en un diálogo natural entre el libro y uno mismo.

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