Cuento de Alfredo Zitarrosa: El allanamiento

Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco… Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma

La humanidad indiscutible del “escritor” Alfredo Zitarrosa

Alfredo Zitarrosa, escritor
Alfredo Zitarrosa, junto a su hija

La humanidad indiscutible del “escritor” Alfredo Zitarrosa

Por Ernesto Bustos Garrido

Se me ocurre que la palabra humano es la que mejor define, según mi modesto punto de vista, el carácter y la persona de Alfredo Zitarrosa, el gran cantante uruguayo, que siempre respetó su adhesión a las luchas de los pueblos latinoamericanos. Para corroborar esta idea baste escuchar un par de sus canciones, por ejemplo “Milonga de ojos dorados” o “El violín de Don Beno” y embriagarnos con esa voz de barítono, profunda, varonil, tan propia de él, con una calidez, una verdad y una humanidad en las palabras que conmueve.

Pero Zitarrosa no es solo voz, también escribió cuentos y cientos y cientos de crónicas periodísticas en el semanario Marcha de Montevideo. En 1988, un años antes de su muerte, publicó el libro Por si el recuerdo, con doce cuentos que tienen mucho de autobiográficos y un guiño al estilo de Horacio Quiroga y Juan Rulfo.

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«Las olas», de Virginia Woolf

Virgninia Woolf
Las olas, de Virginia Woolf (Tusquets, 1995)

Las olas, de Virginia Wolf

 

La autora londinense Virginia Woolf (1882−1941) muy pronto dejó de estar a la sombra de los famosos miembros del grupo del que formaba parte en el bohemio barrio de Bloomsbury para convertirse en una de las mejores escritoras de su tiempo. Con una vocación implacable y la ayuda de su marido, Leonard Woolf, Virginia fue solventando los problemas mentales que de vez en cuando la atosigaban y nos legó un puñado de cuentos y novelas memorables en los que dio forma a ese mundo propio femenino tan original.

De todas sus obras, la más ambiciosa es Las olas (1931), aunque Al faro no le va a la zaga. Puede decirse que Las olas es una novela novedosa y experimental, formada por los soliloquios de seis personajes que van cambiando su discurso según las circunstancias y la personalidad de cada uno, con un lenguaje extraño y onírico donde se mezcla lo real con lo imaginario.

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«Casa grande», de Luis Orrego Luco

El fragmento que presentamos a continuación es parte del Capítulo I de la novela “Casa Grande” del escritor chileno Luis Orrego Luco. Es una novela escrita a fines del siglo XIX y comienzo del XX. Retrata de manera fiel los usos y costumbres de la elite social de Chile de aquella época. El “oleo” resultó tan ajustado a la realidad que crispó los sentimientos y el orgullo de la aristocracia santiaguina. Orrego Luco desnudó su “afrancesamiento” y felonía, su afán de riqueza y vida de ocio. Su existencia hecha de distracciones y fiestas circulares y repetidas en el día a día, un torbellino de fatuidad permanente, de gentes falsas y egoístas. Jóvenes y niñas sin ningún tipo de norte y conciencia social, y una Iglesia Católica que cuando apareció el libro hizo un escándalo tan mayúsculo que obligó al autor a restarse de su presencia en público y a guardar silencio. Se le acusó de inmoral por presentar un romance que transitó hacia el matrimonio para luego terminar en divorcio. Este fue el detonante para la Iglesia. La crítica literaria además lo tachó al autor de conspirador (no obstante él pertenecer a la clase social acomodada) por intentar socavar las bases de un país que estaba en manos de una sociedad erigida en la sangre, el poder y el dinero.

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