«Los peces no cierran los ojos», de Erri de Luca

 

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Los peces no cierran los ojos, de Erri de Luca (Seix Barral, 2012)

Los peces no cierran los ojos, de Erri de Luca

José Sánchez Rincón

Erri De Luca (Nápoles, 1950) es un autor sorprendente. Persona de una gran humildad, está considerado uno de los mejores escritores italianos actuales a pesar de haber comenzado a escribir a una edad avanzada y, además, se dedicó a oficios tan variopintos y alejados de la escritura como mecánico, albañil o conductor de vehículos humanitarios durante la guerra de Bosnia.

Creador de otras obras de carácter biográfico (Aquí no, ahora no), nos conmueve con Los peces no cierran los ojos (Seix Barral, 2012), novela en la que plasma desde la madurez el verano mágico de sus diez años: la alegría al deambular libremente por una isla cercana a Nápoles y su admiración por la sabiduría, esfuerzo y destreza de los pescadores. De Luca nos habla, también, de sus dificultades para adaptar el cuerpo al crecimiento de su mente, de sus problemas con las matemáticas, del aprendizaje de la lengua a través de los crucigramas, de su falta de empatía con otros niños y del descubrimiento de una muchacha de la que no recuerda el nombre, conocedora del lenguaje de los animales, y con la que vive una aventura de amor singular.

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Aire en las colinas. Las cartas de Juan Rulfo a Clara

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Clara Aparicio, esposa de Juan Rulfo. La fotografía fue tomada por el propio Rulfo en 1948, año en que se casaron

AIRE EN LAS COLINAS, Las cartas de Juan Rulfo a Clara

Por Ernesto Bustos Garrido

Los biógrafos de Juan Rulfo aún no se ponen de acuerdo respecto de algunos detalles de la vida del autor de El llano en llamas y Pedro Páramo. Se dice que cuando niño estuvo en un internado, pero algunos aseguran que estuvo encerrado en una casa correccional. También se habla de una estadía en un seminario, porque iba a abrazar la vida religiosa. El último debate se relaciona con el número de cartas que el joven Juan le dirigió a su enamorada, Clara Angélica Aparicio Reyes, desde que decidió declararle sus sentimientos, y cuando la distancia –Clara en Jalisco y Juan en Ciudad de México– lo empujó al trance epistolar. Algunos hablan de 80 cartas; otros de 81. En el libro Aire de las colinas: Cartas a Clara (Editorial Sudamericana, 2000, Buenos Aires) aparecen 81 misivas, rigurosamente clasificadas por fechas de elaboración. Cubren un período que va desde 1944 a 1950. Nos vamos a quedar con esta última cifra, aunque no sea la definitiva.

¿Cuál fue la motivación para que un joven provinciano de 27 años comenzara a escribir estas confesiones de amor?

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